Historia de Amor

Por Sonia Ruiz Sánchez

foto cafetería

Me cogió de la mano por debajo de la mesa de un bar, me miró a los ojos. Yo sabía que jamás sería mío, que su corazón pertenecía a otra persona. Pero, ¿por qué entonces me coge de la mano? Me dice que es feliz, y no le creo. No le creo porque cuando uno es feliz, no busca otras personas para que le llenen la vida.

Cuando uno es feliz con lo que tiene, se queda ahí. Pero quizás quería más. Yo no podía dejar de apretarle la mano, no quería que se fuera. Y por lo visto, no tenía ninguna intención. Salimos de aquel bar, uno detrás de otro, como dos desconocidos, cuando hace tan solo unos segundos, nos comíamos con la mirada.

Fuimos paseando, sin tocarnos. No sé si deseaba tocarme, tampoco yo, se si quería o no. Era un momento difícil. Indeciso. De pronto, nos encontramos en la estación del tren. Me dijo que se iba, pero que me esperaba en la siguiente estación, donde nadie nos conocía, donde podíamos estar juntos lejos de las miradas de todo el mundo. No vivíamos en un pueblo, era una ciudad grande. Bastaba con ir a la otra punta para pasar como perfectos desconocidos, pero no teníamos bastante con eso. Vi como se alejaba el tren. Me sembró la duda del abandono. ¿Me esperará como dice? ¿Subiré al tren, bajaré en la estación pactada y me encontraré sola de nuevo?

Sólo había una manera de saberlo. Subí al siguiente tren. Bajé en la estación que habíamos quedado. Sorpresa. No había nadie. Solo un mozo de estación, y una señora fumando un cigarro. Me sentí estafada, abandonada de nuevo. Había vuelto a caer de nuevo en las redes de un amor imposible. El mozo de estación se acerca y me da una nota con una dirección cercana. Al entrar, vi la silueta de ese ser tan maravilloso, al menos para mí, que por vez primera no me engañaba. Me estaba esperando. Sin mediar palabra, subimos a un hotelito modesto, pero con una habitación preciosa. Dejamos el bolso, el teléfono en silencio, él llevaba una bolsa con pan y otros manjares, que no eran nada del otro jueves, pero a mí me pareció lo mejor del mundo. Se quedó mirando por la ventana, fumándose un cigarro. Yo, por vez primera en la vida, y aunque parezca mentira, tampoco abrí la boca. Dejé el bolso encima de un tocador y me dirigí al baño. El me siguió, dejando el cigarro en el cenicero. Me cogió por la cintura. Yo temblaba como una hoja. Hacía cinco o seis años que nadie me había tocado. No de esa forma.

hotel room

Me deje llevar por vez primera, como digo, en mucho tiempo. Ninguno de los dos abrió la boca para nada. Me cogió en brazos, y me llevó a la cama. Me dejó suavemente, acariciando mi pelo, así como yo el suyo. No podíamos dejar de mirarnos, sin abrir la boca en ningún momento. Poco a poco, nos fuimos quedando sin ropa, un pico detrás de otro, me besó por el cuello, el pecho. Quedé a su merced. Pero sin miedo. No sentía ningún temor. Luego me dio la vuelta, quedando él debajo de mí. Hice lo propio. A los cinco minutos, éramos una sola persona. Estábamos unidos, sin ganas de separarnos. Nadie hasta ese día me había hecho sentir tan amada, tan querida, aun sabiendo que yo no era la única mujer en su vida, pero sí, en aquel momento. Estábamos solos, sin ganas de pensar en nada ni en nadie. Estuvimos largo rato unidos, como digo, sin intención de separación alguna. Extasiados, finalmente, nos separamos, volviendo a ser dos seres que se han juntado a escondidas como dos chiquillos, cuando hace tiempo que dejamos de serlo, pero que era la única manera de estar juntos sin ser juzgados. A ninguno de los dos nos importaba lo más mínimo las habladurías, porque teníamos una discreción absoluta. Nadie sospechaba nada. Y ya llevábamos así casi un año. Estábamos muy cansados. Los dos habíamos pasado un día duro, pero no importaba. Nos quedamos abrazados y nos dormimos.

Al despertar, volvimos a unirnos de nuevo, y al separarnos, decidimos reponer fuerzas para una noche que prometía ser larga a la par que hermosa.

Y así fue. Hubo un tercer encuentro, al acabar de cenar, si cabe más profundo. Nos dormimos hasta la mañana siguiente.

Cuando desperté estaba sola. Sus cosas seguían intactas en la habitación, pero no estaba. Miré en la ducha, y nada. No podía estar muy lejos. Confié en que volvería. No creí que me dejara allí plantada como un árbol. Y no lo hizo. En la almohada vi una rosa con una nota: – Quédate donde estas. No te muevas- Me puse a reír, y allí me quedé. Aun no había parado de reír cuando la puerta se abre y le veo aparecer con el desayuno. ¡Qué sensación! Hacía muchos años que no me servían el desayuno en la cama.

Me besó, almorzamos, y volvimos como al principio. Sin mediar palabra, ninguno de los dos, acabamos el desayuno, nos unimos por última vez, al menos por unos días, y al acabar salimos de la habitación por separado, no sin antes jurarnos que no sería la última vez que tendríamos estos encuentros, que dan mucha paz, que no tienes que preocuparte por nada ni por nadie, y que solo debes pensar en ti.

Volvimos a la realidad, y nos vimos por la calle, saludándonos como siempre, con un casto beso en la mejilla, para guardar unas apariencias que ni él ni yo queríamos guardar, pero… Hay algo más hermoso que la intimidad de uno, aunque para tenerla tengamos que escondernos? Yo esos días descubrí lo mucho que me había perdido todos estos años antes de vivir una experiencia tan maravillosa. No sé si nuestra “relación” tendrá futuro o no. Pero que fue realmente hermosa y me sentí amada y respetada de verdad. Y eso no me lo quita nadie

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5 Comments

  1. sSonia Ruiz escrigué:

    Desde aquí, quiero agradecer a todas la personas que han leído esta historia, a Javier Iborra por su implicación desinteresada y como no, a la tertulia bohemia, encabezada por Blanca de Nicolas, que tanto me ayuda en todo lo que hago. Muchísimas gracias a todos

  2. Gamma Colomé escrigué:

    Una historia molt bonica, plena d’amor i felicitat.
    Una abraçada.

  3. David escrigué:

    Caram, Sonia, sí que ho tenies amagat aquest tarannà literari. Ets tota una artista multidisciplinar, veig. Felicitats per aquest bonic relat, i endavant!

  4. raquel escrigué:

    Que bonic prima!!! M’encanta

  5. Florenci Salesas escrigué:

    Hi ha molt de potencial, aquí, Sonia. Els secrets que s’amaguen sota la superficial capa de la realitat representa unes bosses disperses de magma tan roent que, si decidissin unir tota la seva matèria incandescent en una conxorxa, emergirien per mars i planúries com una nova tribu de volcans impossible de sufocar ni amb amb tots els diluvis enviats per tots els déus.

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